RE-Presentación (AHORA SÍ)
Publicado: 11 Mar 2019, 23:44
"Saludos de nuevo a tod@s!!" Así comenzaba mi hilo hace aproximadamente un año cuando me ilusioné con volver al mundo de las dos ruedas tras vender mi CBF500 en el 2014... Por si alguien no la recuerda

Pero no ha sido hasta ahora que he rematado la jugada (ahora sí), haciéndome con una CBF1000 de hace 11 años, con 70.000km, pero muy muy bien conservada (agradecer desde aquí el buen trato recibido por el vendedor, un más que fiable taxista de Zaragoza)
Y del gusto que me ha dado tenerla en mis manos me apetece hacer una mini-crónica del viaje inaugural desde tierras mañas hasta Valencia. Con el permiso, eso sí, de mis motos soñadas (y que de momento no puedo acopiar en mi garaje) que son la Bonnie y la FJR1300... dos estilos diferentes pero apabullantemente bonitas a mi parecer. Aps! Y con el beneplácito de todos los que ya habéis tenido una CBF1000 y me dais sopas en cuanto a conocimiento de la moto. Disculpad si algo de lo que digo os suena raro (no soy el rey de las pruebas ni un conductor experimentado), pero yo lo sentí así ayer por la tarde...
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Zaragoza. 16:30h. La arranco por primera vez. La saco del garaje donde ha dormido tiempo atrás. Impecable, serena, suena a instrumento recién afinado. Aparco y pregunto últimas cuestiones a su antiguo dueño. Despedida afectuosa. Chaqueta (que por cierto también estreno hoy, una gozada la verdad), casco y guantes, aunque no me voy a poner en marcha aún. 17:15h. Tras una visita a la Pilarica y mi nueva cinta colocada en un lugar estratégico, ahora sí, arranco. Hace calor, el cielo radiante me habla de una tarde en ciernes de esas que quedan para el recuerdo por siempre. Paro a los 500m para asegurarme de la ruta, debo comprar un soporte de móvil... Visera abajo, primera (CLOK! qué gusto ver cómo engrana esa primera marcha con el cadenón que llevo (dorado de lo limpio que va, por cierto). Primera (fuuuuuuuuuuuu), segunda, (fiiuuuuuuuuuuuu), tercera...
Voy probando la postura de trasero, posición de los retrovisores, acomodo los pies (cuando pueda tengo que subirle un poco la palanca del cambio porque mi 47 lo necesita) y acelero de forma calmada pero constante... Ojo! 110 en zona 80... ¡joer con qué facilidad sube esto! Respecto a mi CBF500 no hay color... mira que me gustaba mi moto, pero esto es otro nivel. Además ahora, con cúpula, spoiler y paramanos, el viento ya no es mi enemigo... (más tarde descubriré que todavía lo es un poco porque un LS2 de 60€ no es un casco, es un simple quitamultas, pero eso se soluciona esta misma semana
Voy jugando con la dirección, fallaba un poco en mi CBF500 (del desgaste y los años sin ser ajustada) y aquí, con rodamientos nuevos (según me ha dicho el vendedor), gozo... es mantequilla, como el cambio, que me invita a subir o bajar marchas solo para sentir lo suave que va. Quiero ver la moto, ¡voy a parar a hacerle unas fotos!

Tras babear un rato y poner al día a mi familia de la situación y a mis amigos de la adquisición, prosigo camino. Al sacarla del campo de almendros recuerdo que llevo más de 250kg entre las piernas, nada que ver con el scooter que he llevado los 2 últimos años (Vision 110cc), pero es tan estable y tan "señora" que se deja llevar (espero no perder la vertical en parado porque tiene pinta de decir "allá voy" y no poder con ella
Y primera... segunda... tercera... ... ups! Ya voy en la última marcha, esto de no llevar indicador es una faena. Se lo pondré. Aún así no pienso en las marchas porque la velocidad que coge este bicho sin darme cuenta me obliga a estar concentrado. Hay que acariciar el puño... solo acariciarlo... es una experiencia casi sexual. Y adelantar a 80 en 4ª... el orgasmo. Un orgasmo de apenas un par de segundos... joder como corre esto. Tendré que acostumbrarme a mirar el marcador (en la mía no hacía falta, la presión del aire en el pecho me avisaba de cuando pasaba de 90
Voy disfrutando del paisaje a ambos lados de la N232. Veo un lago a mi izquierda, entre troncos de árboles, ¡qué chulada! Leo una cartel que pone "La Estanca". Esto debe ser bonito de ver, media vuelta. Y hasta donde puedo llegar...


Arranco de nuevo con un KitKat en la tripa y los ojos llorosos de la emoción (bueno, no tanto, pero queda poético ¿no?
Morella, casi de noche. No puedo disfrutar de las vistas pero me apasiono viendo como la moto baja el puerto sin tocar freno, solo reteniendo el motor... Desde aquí hasta Castellón no me ando con tonterías y me pego a un coche que se nota que conoce la carretera a fondo, si sale un animalito (por aquí son habituales pasado el crepúsculo) prefiero que se lo coma él. Y desde Castellón ya sin bobadas, apurando la velocidad legal no solo por la posible multa sino porque el cofre trasero (muy bonito, por cierto) me hace culear. Me voy cansando, así que me dedico a ir estirando el cuello para analizar la postura óptima de conducción. Me agacho tras la cúpula, oigo el corazón de esta veterana latiendo constante y sin vaivenes, qué bonito. Sin darme cuenta 150... ¿tendré que ponerle un limitador
Y entro a Valencia con el culo resentido (llevo 5 horas casi sin parar encima de la moto) y los brazos atontados de la tensión del primer viaje. Pero más contento que un niño con zapatos nuevos... No es el momento de probar la moto en ciudad, pero los 3 km hasta mi casa me permiten comprobar que efectivamente la ciudad no es el lugar favorito de esta moto (gracias César por tus consejos, y Fernando, Rubén y Rafa) pero no obstante va muy bien porque no necesitas cambiar mucho de marchas, el peso en movimiento ni se nota, y entre los coches se cuela casi como mi scooter. El peso en parado, eso sí, te hace no olvidar que llevas una mil, pero por suerte llego con los pies holgados al suelo y las piernas flexionadas, así que espero no tener problemas.
Si has leido hasta aquí ¡enhorabuena! (aunque no te ha tocado premio). En cualquier caso muchas gracias y nos vemos en ruta
Ráfagas a todos los que me conocéis de antes, a los que no y ya sí, y a los que ya no podré volver a ver pero que me leéis seguro
